A 50 años del fallido levantamiento popular tibetano contra el Ejército chino, que obligó al Dalai Lama y a 80.000 monjes a exiliarse a la India, el panorama en el Tíbet resulta desalentador. En todos sus rincones, y en algunas provincias vecinas, militares chinos patrullan las calles, y la entrada a turistas y visitantes estará prohibida hasta finales de marzo. Las autoridades chinas no quieren que se repitan los disturbios del pasado aniversario, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles a protestar.

Según el gobierno tibetano en el exilio, cerca de 600 personas están detenidas y más de 1.000 desaparecidas. China, por su parte, sigue firme con su interpretación de los hechos, según la cual el 28 de marzo es el 'Día de emancipación de los siervos'. Según Beijing, el Tíbet fue liberado del yugo del feudalismo por la llegada del Ejército Popular de Liberación en 1950. Aunque esto puede tener visos de verdad, los frecuentes atropellos a los derechos humanos del régimen chino no han hecho más que legitimar, en los últimos años, la lucha del líder espiritual.



