Paul Watson fundó Sea Shepherd en 1977 para proteger la fauna marina, especialmente las ballenas, aun al punto de arriesgar su propia vida.
En las heladas aguas de la Antártida, un pirata barbado se ha convertido en el terror de los buques que llegan hasta esa zona a cazar ballenas con inmensos arpones. Apenas divisa a lo lejos uno de los balleneros, el canadiense Paul Watson, al mando de su barco Steve Irwin, prepara su artillería: bombas fétidas, de humo, o que dejan la cubierta resbalosa, pistolas que disparan puntillas y obstructores de hélices. Con eso intenta disuadir a sus enemigos, particularmente a los japoneses, de que sigan cazando a una especie que Watson y su tripulación están dispuestos a defender, así en el esfuerzo corran el riesgo de perder sus vidas.
Desde entonces nació su pasión por los animales y, luego de escapar de su casa porque su padre lo maltrataba, Watson se alió en 1971 con un grupo de activistas para fundar Greenpeace, organización que se ha hecho famosa por proteger el medio ambiente. Pero seis años después fue expulsado, pues su agresividad, sus ganas de convertirse en justiciero de los mares y su pasión por estar en el límite de lo legal, no estaban en la misma línea de esa entidad que se autoproclama pacifista.
Desde los años 70 es conocida su enemistad con Greenpeace y no le importa dar argumentos tan políticamente incorrectos como que el "cáncer es una cura para los problemas de la naturaleza" porque "hay que reducir la población humana de manera radical e inteligente a menos de 1.000 millones", o que la raza humana es un virus que está acabando con el planeta Tierra. Por eso defiende a los animales y en especial a las ballenas, no sólo porque le parecen importantes desde el punto de vista ecológico, sino sobre todo porque las considera más inteligentes que los seres humanos.




